¿Qué pasa cuándo muere un ser querido? ¿Hemos de morir un poco con ellos también? ¿Muere el amor, el cariño, los buenos recuerdos? ¿Muere la esperanza de volverse a ver?
No lo sé, en estos momentos no tengo respuesta para estas interrogantes, y siento en mi corazón un hueco enorme y una opresión indescriptible, ha muerto mi abuelo, después de estar casi un mes conectado a un respirador artificial, inconsciente. Se fue para no sufrir más, dicen todos.
Fui a verlo un día, a la unidad de cuidados intensivos del hospital, es una imagen muy dolorosa, ver a una persona tan querida conectada a máquinas y con tubos amarrados a su boca. Todos sabíamos en ese momento que mi abuelo necesitaba descansar, salir de ese cuerpo que ahora era sólo una carga para él, pero aún así cuando ya llega el momento, lloras amargamente, porque dejar ir a un ser querido es lo más doloroso que puede ocurrir.
Me acuerdo que a principios de año, en Marzo más o menos un día que iba al trabajo me lo encontré en la calle y aún estando un poco lejos me dediqué a observarlo, había envejecido mucho de golpe, debido a que tuvieron que amputarle dos dedos de su pie por la diabétes que lo aquejaba llevaba un muleta para poder caminar, y cuando me acerqué casi no me reconoció, y yo lo abracé y le dije "te quiero mucho, abuelito. Cuídate por favor" Y tuve que seguir mi camino porque las obligaciones diarias me lo exigían. Ahora quisiera volver a ese día y decirle, "no te olvides de nosotros por favor." Antes de ingresar al hospital el día 10 de Julio mi abuelo no reconocía a nadie, ni a sus hijos y nietos, ni a sus yernos y nueras.
Murió ayer en la noche, mi tía nos llamó para avisarnos que estaba mal, mi papá y mi mamá salieron rápidamente para estar con él, pero no alcanzaron a llegar, mi mamá me dijo que aún estaba tibiecito. Yo sólo lo recuerdo frío, en esa sala de la UCI, donde las máquinas me decían que mi abuelo estaba muerto si las desconectaban de ellas.
Sé que está descansando ahora, pero me duele esta herida abierta en mi pecho. Son las 8 en punto de la mañana del Viernes 05 de Agosto de 2011, hoy he despertado sabiendo que mi abuelo ya no está entre nosotros, y quiero llorar porque me duele, pero no puedo hacerlo, porque todos a mi alrededor están siendo valientes y son prácticos al preocuparse de los trámites, de avisar a las personas que necesitan saber la noticia y a sus jefes porque no irán a trabajar. Yo quiero un abrazo y que alguien me acaricie la cabeza y me diga que todo estará bien, que mi abuelo descansa, que ya no hay más sufrimiento ni dolor para él.
viernes, 5 de agosto de 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
Tengo que decirte adios
Es triste verte es una cama de hospital, y de que quizás ni siquiera te des cuenta de dónde estás, por qué estás así, ni que pasó.
Me ha costado acostumbrarme, y recién empecé a llorarte el día que me paré a tu lado y traté de sostener tu mano fría e hinchada y darme cuenta de que hace tiempo que ya no sientes nada, estás como dormido. Como muchas veces te vi en el sillón de mi casa cuando "veías" fútbol con mi papá.
El doctor me preguntó quien era yo, y a mi no me salía la voz, estaba aterrada. Soy su nieta, le dije bajito, no porque no quiera reconocerlo, sino porque duele aún más saber que este puede ser el final. Porque al decir la palabra nieta el peso de todos los años que tienes se vino encima, yo soy tu nieta, tu eres mi abuelito.
Me dijeron que no te hable, porque no me escucharás, que me limite a acariciarte en las pocas partes que los cables y tubos que te sostienen a la vida dejan disponibles. Pero yo no reconozco en ese cuerpo, muerto y frío, nada del tierno hombre que siempre has sido.
¿Cómo confesarte que me vengo a despedir? ¿Qué tengo la certeza de que este es el final del camino? Creo que tu ya no estás en ese cuerpo, y que sólo estás esperando la orden de alguien más para soltar las últimas ataduras.
Cuando ya salí de la sala de hospital más deprimente que he pisado, mi tía me dijo "mi papá está muerto", y yo sólo me limité a decirle que si con la cabeza y a escapar lejos de esa tristeza infinita.
Apenas me vi en la calle, con el ruido y la cotidianidad, me puse a llorar nuevamente, amargamente, porque no te pude dar un beso cariñoso cuando aún estabas consciente y maravillosamente vivo.
--------------------------------------000000------------------------------------------
Terminé de escribir esta entrada el día 8 de Diciembre del 2011, 4 meses y 3 días después del fallecimiento de mi abuelito, aún llorando a mares, extrañándolo demasiado.
Por siempre vivirás en nuestros corazones, donde dejaste una huella imborrable
Gracias, Luis Anselmo Paredes Mella.
Gracias, Abuelito Luis.
Tu nieta, Lalita.
Me ha costado acostumbrarme, y recién empecé a llorarte el día que me paré a tu lado y traté de sostener tu mano fría e hinchada y darme cuenta de que hace tiempo que ya no sientes nada, estás como dormido. Como muchas veces te vi en el sillón de mi casa cuando "veías" fútbol con mi papá.
El doctor me preguntó quien era yo, y a mi no me salía la voz, estaba aterrada. Soy su nieta, le dije bajito, no porque no quiera reconocerlo, sino porque duele aún más saber que este puede ser el final. Porque al decir la palabra nieta el peso de todos los años que tienes se vino encima, yo soy tu nieta, tu eres mi abuelito.
Me dijeron que no te hable, porque no me escucharás, que me limite a acariciarte en las pocas partes que los cables y tubos que te sostienen a la vida dejan disponibles. Pero yo no reconozco en ese cuerpo, muerto y frío, nada del tierno hombre que siempre has sido.
¿Cómo confesarte que me vengo a despedir? ¿Qué tengo la certeza de que este es el final del camino? Creo que tu ya no estás en ese cuerpo, y que sólo estás esperando la orden de alguien más para soltar las últimas ataduras.
Cuando ya salí de la sala de hospital más deprimente que he pisado, mi tía me dijo "mi papá está muerto", y yo sólo me limité a decirle que si con la cabeza y a escapar lejos de esa tristeza infinita.
Apenas me vi en la calle, con el ruido y la cotidianidad, me puse a llorar nuevamente, amargamente, porque no te pude dar un beso cariñoso cuando aún estabas consciente y maravillosamente vivo.
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Terminé de escribir esta entrada el día 8 de Diciembre del 2011, 4 meses y 3 días después del fallecimiento de mi abuelito, aún llorando a mares, extrañándolo demasiado.
Por siempre vivirás en nuestros corazones, donde dejaste una huella imborrable
Gracias, Luis Anselmo Paredes Mella.
Gracias, Abuelito Luis.
Tu nieta, Lalita.
martes, 19 de abril de 2011
La suma de los dias
Adevertencia: esta entrada carecera de todo acento hasta que pueda editarla en mi propio computador...
Ayer y hoy me enfrasque en la lectura, o relectura, de "La suma de los dias" de Isabel Allende, quien para nadie es secreto es mi autora favorita junto a Charlotte Bronte, y me sorprendo de lo rapido que puedo pasar las paginas y lo veloz que se vuelve mi lectura cuando es algo escrito por ella.
Soy una avida lectora siempre abierta a los desafios de un libro cerrado y cuya portada no me evoque nada, pero asi y todo los libros para niños aun atraen el 80% de mi atencion, no puedo leer para los demas, porque eso me agobia, pero si puedo leerme a mi misma en voz alta para no perder la idea de lo que estoy leyendo.
Creo en el poder de mi imaginacion con cada lectura, y mientras mas vovabulario contenga un libro, mas feliz me pongo porque aprendo palabras nuevas, algunas sencillas, algunas complicadas, y otras que aprendi en mi infacia, pero que en la vulgaridad de los años no he vuelto a utilizar.
La suma de mis dias se ha transformado en un desafio latente para llegar a un puerto imaginario, es una rebelion constante de mi ya denotada adultez y mi porfiada ilusion de permanecer niña. Ya no me puedo quejar porque la dependienta de la panaderia me diga señora en vez de señorita, estoy remando lentamente en la veintena de mi vida, y aunque aun me queda mucho por vivir, siento que ya no estoy para sentarme a jugar con barro.
He entrado al mundo laboral y me he agobiado por este corazon de abuelita que siente que debe involucrarse mas alla de lo conveniente, la orientadora del liceo no se equivoco, la labor social corre por mis venas como la sangre. Soy un ser social, soy una persona que se preocupa, y si alguien me dice que tiene problemas no dormire en la noche si no puedo darle al menos alguna idea para que lo solucione. Pero asi y todo cuando hablamos de "mis" problemas, me quedo callada, me guardo en una bolsita todas las lagrimas que derramo escondida en el baño, apretando la cara contra la almohada o en acusando a un bostezo de que me salten gotitas de los ojos.
Mis penas son mias. Eso le dije una vez a la persona que me ha acompañado por mas de 5 años en una relacion que si bien no ha sido de cuento de hadas, me ha hecho aprender a amar mis defectos y los de los demas; y el me respondio, que para que estabamos juntos como pareja si yo no era capaz de confiar en el para apoyarme en los momentos en que lo necesite. Y, oh! me di cuenta, de que cada vez que algo me agobia corro a esconderme en algun rincon oscuro a lamerme las heridas, y antes los demas aparento fortaleza, aunque por dentro sea solo trocitos quebrados de lo que en realidad soy.
De ahora en adelante debo emprender este nuevo viaje, empezar a confiar en todos aquellos que me ofrecen un trocito de su corazon, que no me miran con compasion, sino que con critica constructiva. Que no solo estan alli para juzgar, sino que para afrecer un hombro amigo donde llorar o un consejo que puedo tomar o dejar.
No digo que el cambio sera de un dia para otro, ni que me van a ver ventilando mis miedos e inseguridades cuando me reuna con mis amigos, pero si notaran que timidamente ire mostrando un poco esa cara que nadie ha visto, esta Gladys que tiembla de miedo ante los problemas y que por primera vez pedira un consejo, pero me seguire riendo de mi, eso... Eso si que no pretendo cambiarlo por nada del mundo.
Ayer y hoy me enfrasque en la lectura, o relectura, de "La suma de los dias" de Isabel Allende, quien para nadie es secreto es mi autora favorita junto a Charlotte Bronte, y me sorprendo de lo rapido que puedo pasar las paginas y lo veloz que se vuelve mi lectura cuando es algo escrito por ella.
Soy una avida lectora siempre abierta a los desafios de un libro cerrado y cuya portada no me evoque nada, pero asi y todo los libros para niños aun atraen el 80% de mi atencion, no puedo leer para los demas, porque eso me agobia, pero si puedo leerme a mi misma en voz alta para no perder la idea de lo que estoy leyendo.
Creo en el poder de mi imaginacion con cada lectura, y mientras mas vovabulario contenga un libro, mas feliz me pongo porque aprendo palabras nuevas, algunas sencillas, algunas complicadas, y otras que aprendi en mi infacia, pero que en la vulgaridad de los años no he vuelto a utilizar.
La suma de mis dias se ha transformado en un desafio latente para llegar a un puerto imaginario, es una rebelion constante de mi ya denotada adultez y mi porfiada ilusion de permanecer niña. Ya no me puedo quejar porque la dependienta de la panaderia me diga señora en vez de señorita, estoy remando lentamente en la veintena de mi vida, y aunque aun me queda mucho por vivir, siento que ya no estoy para sentarme a jugar con barro.
He entrado al mundo laboral y me he agobiado por este corazon de abuelita que siente que debe involucrarse mas alla de lo conveniente, la orientadora del liceo no se equivoco, la labor social corre por mis venas como la sangre. Soy un ser social, soy una persona que se preocupa, y si alguien me dice que tiene problemas no dormire en la noche si no puedo darle al menos alguna idea para que lo solucione. Pero asi y todo cuando hablamos de "mis" problemas, me quedo callada, me guardo en una bolsita todas las lagrimas que derramo escondida en el baño, apretando la cara contra la almohada o en acusando a un bostezo de que me salten gotitas de los ojos.
Mis penas son mias. Eso le dije una vez a la persona que me ha acompañado por mas de 5 años en una relacion que si bien no ha sido de cuento de hadas, me ha hecho aprender a amar mis defectos y los de los demas; y el me respondio, que para que estabamos juntos como pareja si yo no era capaz de confiar en el para apoyarme en los momentos en que lo necesite. Y, oh! me di cuenta, de que cada vez que algo me agobia corro a esconderme en algun rincon oscuro a lamerme las heridas, y antes los demas aparento fortaleza, aunque por dentro sea solo trocitos quebrados de lo que en realidad soy.
De ahora en adelante debo emprender este nuevo viaje, empezar a confiar en todos aquellos que me ofrecen un trocito de su corazon, que no me miran con compasion, sino que con critica constructiva. Que no solo estan alli para juzgar, sino que para afrecer un hombro amigo donde llorar o un consejo que puedo tomar o dejar.
No digo que el cambio sera de un dia para otro, ni que me van a ver ventilando mis miedos e inseguridades cuando me reuna con mis amigos, pero si notaran que timidamente ire mostrando un poco esa cara que nadie ha visto, esta Gladys que tiembla de miedo ante los problemas y que por primera vez pedira un consejo, pero me seguire riendo de mi, eso... Eso si que no pretendo cambiarlo por nada del mundo.
domingo, 13 de marzo de 2011
El calor de su cuerpo
Me levanté de la cama y cerré todas las cortinas de la habitación, quedándome a oscuras al mediodía y apresurada volví a recostarme al lado de su cuerpo aún tibio. Lo abracé suavemente por la espalda cerrando los ojos, luchando por no ahogarme con su aroma.
Suspiró en sueños y se removió un poco, deseaba que no se despertara nunca, que nunca se diera la vuelta y me viera a la cara, que nunca se percatara de lo que realmente estaba sintiendo, deseaba que la noche se volviera eterna y que se llevara la luz del sol con ella.
Pero el ruido de la calle rompió mi refugio y él finalmente se escapó de los brazos de Morfeo. Se levantó de la cama en la que yo aún fingía dormir y dándome la espalda se vistió en la penumbra de la habitación.
Lo escuché maldecir cuando se percató de la hora en el reloj que descansaba en el velador, ¿tarde para el trabajo, la universidad, la esposa? No lo sabía, y ni ánimos de saberlo tenía.
Vestido no resaltaba el atractivo que desnudo me había hecho perder la razón, y luche por guardarme esa imagen en la cabeza y borrar todo recuerdo de la noche anterior. Esperaba ansiosa que no se volteara, y que su cara se me difuminara lentamente como vapores alcohólicos, anhelaba mi ignorancia de su persona.
Escuché su lejana risa en el baño, y me tapé los oídos mientras me sentaba en la cama, ¿Debía borrar cada cosa suya de mi?, Me cubrí la cabeza con la almohada mientras se abría la puerta del baño y salía "¡Ni una palabra y sal de mi vista!", le dije.
Salió de la habitación y de mi vida poco después, mientras yo aún ajena a la realidad me seguía cubriendo completa la cabeza, pero sobre todo los ojos con lo que ahora parecía contener mis lágrimas. Volví a acostarme, deseando soñar con el calor ajeno de ese cuerpo tantas veces soñado, añorado ahora...
Horas después desperté con la cabeza muy pesada, el cuarto aún a oscuras, y mi celular sonando como un loco, más de 10 llamadas perdidas, mi madre, mis amigos, y un número desconocido, varios mensajes de mi profesor de la Universidad, y uno que decía "asómate, por favor."
"Estoy delirando, no puede ser él, yo jamás le dí mi teléfono, demasiado lindo para ser verdad"´pensaba, pero aún así abrí las cortinas dejando entrar los fríos rayos de la luna antes de abrir la ventana y ver a un desaliñado hombre parado en la vereda, con un ramo de flores en sus manos.
"Creí que no volvería a verte" le grité desde mi altura.
"Creí que debía al menos intentarlo," me contestó con una sonrisa.
"No te conozco, no sé nada de ti," solté casi llorando.
"Digo lo mismo, pero quiero saber porqué aún cuando no te conozco, sé que eres lo único hermoso que he hallado por algo tan banal como el sexo," me contestó.
"Creo que tenemos que hablar, sube, te abriré la puerta." le grité por fin.
Explicarle y verlo sonrojarse al darse cuenta que estaba tan borracho que nada había pasado entre nosotros la noche anterior no me tomo más de 10 minutos, con un café en la mano, y el espacio del sillón entre nosotros, como si se tratara de un par de amigos. Aún así eramos dos extraños, y no había forma de traspasar la barrera.
Contra la voluntad de mi racionalidad le pedí que se quedara otra vez esta noche, y se acercó para besarme, lo dejé hurgar en mi boca y en mis sentimientos, dejé que mientras me abrazaba borrará los malos recuedos que me hacían temerosa, las penas que me secaban el corazón, y me dejé abrazar como a un peluche en la cama, mientras yo misma me apretaba contra su pecho, sintiendo latir su corazón rápidamente por mi, por nuestra cercanía.
No habíamos llegado lejos nuevamente, pero no lo veía molesto, esta vez cerré los ojos no sin antes mirarlo fijamente, y me dormí deseando amarlo pronto y no dejarlo escapar de mis brazos.
Suspiró en sueños y se removió un poco, deseaba que no se despertara nunca, que nunca se diera la vuelta y me viera a la cara, que nunca se percatara de lo que realmente estaba sintiendo, deseaba que la noche se volviera eterna y que se llevara la luz del sol con ella.
Pero el ruido de la calle rompió mi refugio y él finalmente se escapó de los brazos de Morfeo. Se levantó de la cama en la que yo aún fingía dormir y dándome la espalda se vistió en la penumbra de la habitación.
Lo escuché maldecir cuando se percató de la hora en el reloj que descansaba en el velador, ¿tarde para el trabajo, la universidad, la esposa? No lo sabía, y ni ánimos de saberlo tenía.
Vestido no resaltaba el atractivo que desnudo me había hecho perder la razón, y luche por guardarme esa imagen en la cabeza y borrar todo recuerdo de la noche anterior. Esperaba ansiosa que no se volteara, y que su cara se me difuminara lentamente como vapores alcohólicos, anhelaba mi ignorancia de su persona.
Escuché su lejana risa en el baño, y me tapé los oídos mientras me sentaba en la cama, ¿Debía borrar cada cosa suya de mi?, Me cubrí la cabeza con la almohada mientras se abría la puerta del baño y salía "¡Ni una palabra y sal de mi vista!", le dije.
Salió de la habitación y de mi vida poco después, mientras yo aún ajena a la realidad me seguía cubriendo completa la cabeza, pero sobre todo los ojos con lo que ahora parecía contener mis lágrimas. Volví a acostarme, deseando soñar con el calor ajeno de ese cuerpo tantas veces soñado, añorado ahora...
Horas después desperté con la cabeza muy pesada, el cuarto aún a oscuras, y mi celular sonando como un loco, más de 10 llamadas perdidas, mi madre, mis amigos, y un número desconocido, varios mensajes de mi profesor de la Universidad, y uno que decía "asómate, por favor."
"Estoy delirando, no puede ser él, yo jamás le dí mi teléfono, demasiado lindo para ser verdad"´pensaba, pero aún así abrí las cortinas dejando entrar los fríos rayos de la luna antes de abrir la ventana y ver a un desaliñado hombre parado en la vereda, con un ramo de flores en sus manos.
"Creí que no volvería a verte" le grité desde mi altura.
"Creí que debía al menos intentarlo," me contestó con una sonrisa.
"No te conozco, no sé nada de ti," solté casi llorando.
"Digo lo mismo, pero quiero saber porqué aún cuando no te conozco, sé que eres lo único hermoso que he hallado por algo tan banal como el sexo," me contestó.
"Creo que tenemos que hablar, sube, te abriré la puerta." le grité por fin.
Explicarle y verlo sonrojarse al darse cuenta que estaba tan borracho que nada había pasado entre nosotros la noche anterior no me tomo más de 10 minutos, con un café en la mano, y el espacio del sillón entre nosotros, como si se tratara de un par de amigos. Aún así eramos dos extraños, y no había forma de traspasar la barrera.
Contra la voluntad de mi racionalidad le pedí que se quedara otra vez esta noche, y se acercó para besarme, lo dejé hurgar en mi boca y en mis sentimientos, dejé que mientras me abrazaba borrará los malos recuedos que me hacían temerosa, las penas que me secaban el corazón, y me dejé abrazar como a un peluche en la cama, mientras yo misma me apretaba contra su pecho, sintiendo latir su corazón rápidamente por mi, por nuestra cercanía.
No habíamos llegado lejos nuevamente, pero no lo veía molesto, esta vez cerré los ojos no sin antes mirarlo fijamente, y me dormí deseando amarlo pronto y no dejarlo escapar de mis brazos.
jueves, 3 de marzo de 2011
Te olvidaré... Algún día
Me pregunto cuando podré olvidarte al fin, y por más que lo intento no puedo responderme...
Se hace complicado sacar a alguien de tu cabeza si su presencia es capaz de envolverte donde quiera que estés, en la brisa que pasa a través de los árboles mientras, en el gorjeo feliz de las pequeñas avecillas que aprenden a volar cerca de tu ventana... Y cuando su sonrisa se refleja en el espejo mientras te cepillas los dientes.
Y aún a pesar de todo, sé que algún día, en un tiempo que espero que no sea muy lejano, podré por fin sacarte de mis memorias, y pretender que todas las cosas lindas que vivimos; que de una forma y otra es lo único que soy capaz de recordar en estos momentos, no son más que las experiencias de la vida.
Los: "es que lo dejé porque me hizo tal cosa", "que me engañó con fulanita", "que sólo me quería para no estar solo", son los reproches que repican en mis oídos una y otra vez, mas ninguno de ellos llena las expectativas. Tengo que enfrentarte y decirte "me dejaste de querer", y sé que las lágrimas se agolparán en mis ojos cuando te lo diga, y que me voy a poner a sollozar como una idiota.
Quiero poder confrontar a la realidad, y que en vez de reprocharte por el dolor que me causas, pueda sonreir y con mi mejor actitud susurrar mientras el viento se lleva mis palabras suavemente hacia ti... "El tiempo que pasamos juntos fue maravilloso, una lástima que tenga que acabar así..." Y mientras mi cuerpo tiembla para contener la pena en mi falsa sonrisa, mis ojos con decisión te mostrarán que te olvidaré... Algún día.
Se hace complicado sacar a alguien de tu cabeza si su presencia es capaz de envolverte donde quiera que estés, en la brisa que pasa a través de los árboles mientras, en el gorjeo feliz de las pequeñas avecillas que aprenden a volar cerca de tu ventana... Y cuando su sonrisa se refleja en el espejo mientras te cepillas los dientes.
Y aún a pesar de todo, sé que algún día, en un tiempo que espero que no sea muy lejano, podré por fin sacarte de mis memorias, y pretender que todas las cosas lindas que vivimos; que de una forma y otra es lo único que soy capaz de recordar en estos momentos, no son más que las experiencias de la vida.
Los: "es que lo dejé porque me hizo tal cosa", "que me engañó con fulanita", "que sólo me quería para no estar solo", son los reproches que repican en mis oídos una y otra vez, mas ninguno de ellos llena las expectativas. Tengo que enfrentarte y decirte "me dejaste de querer", y sé que las lágrimas se agolparán en mis ojos cuando te lo diga, y que me voy a poner a sollozar como una idiota.
Quiero poder confrontar a la realidad, y que en vez de reprocharte por el dolor que me causas, pueda sonreir y con mi mejor actitud susurrar mientras el viento se lleva mis palabras suavemente hacia ti... "El tiempo que pasamos juntos fue maravilloso, una lástima que tenga que acabar así..." Y mientras mi cuerpo tiembla para contener la pena en mi falsa sonrisa, mis ojos con decisión te mostrarán que te olvidaré... Algún día.
lunes, 21 de febrero de 2011
Brillante como el oro, oscura como el abismo
Pocas personas he conocido con las cuales no he congeniado, pero en particular cuando la conocí a ella mi corazón dio un vuelco.
Su piel era hermosa, brillaba con un tono dorado, sus ojos eran de un color amarillo cautivante, alta, esbelta, el prototipo perfecto de mujer.
Lo único oscuro en ella era su cabello, de un negro azabache intenso, y muy largo, llegando hasta sus rodillas. Lo llevaba siempre atado en una trenza que colgaba en su espalda.
Era simplemente, una chica maravillosa.
No soy de esos hombres que rehuyen de las chicas, pero ella me asusto, había algo que me hacia retroceder, como si ambos fuésemos del mismo polo, como los imanes. Nos miramos una primera vez, y de inmediato nos declaramos enemigos.
Me obsesione con la extraña reacción, y seguí buscándola con la mirada una y otra vez, tratando de acercarme a ella, tratando de entender porque, quien era esta extraña mujer que me impedía acercarme.
El mundo es un pañuelo y nosotros las lágrimas que ruedan por este, y me la volví a encontrar en cada reunión social donde yo asistía. Misteriosa siempre, rodeada de belleza e ironía.
Con unas cuantas copas de mas, envalentonado y medio loco, me acerque a hablarle por fin, el aroma cautivan te de su piel se volvió una horrible pestilencia para mi, y el asco me lleno por completo, y por momentos creí ver que su bella piel se caía a pedazos, podridos restos poblaban el suelo. Caí desmayado, sin entender el porque.
No la volví a ver, ni siquiera supe como aparecí en mi casa al día siguiente, estaba en mi cama, bañado en sudor, como si hubiera despertado de una pesadilla. Baje a desayunar. En las escaleras me encontré con algo espantoso, una mata de pelo negro estaba esparcida en ella, y el olor a putrefacción lo llenaba todo.
ELLA, esa cosa, me esperaba sentada en el sillón, su piel antes dorada y hermosa, ahora una masa viscosa y verde, oliendo a putrefacción. Sin pelo, lo único que permanecía, era el color amarillo de sus ojos.
Una voz cavernosa me dio la bienvenida, y una risa aguda se burlo de mi asqueada expresión. -Eres el primero en muchas décadas que nota mi verdadero ser- dijo arrastrando las palabras -podrías haber sido mas sabio y haber permanecido lejos...-
Su piel era hermosa, brillaba con un tono dorado, sus ojos eran de un color amarillo cautivante, alta, esbelta, el prototipo perfecto de mujer.
Lo único oscuro en ella era su cabello, de un negro azabache intenso, y muy largo, llegando hasta sus rodillas. Lo llevaba siempre atado en una trenza que colgaba en su espalda.
Era simplemente, una chica maravillosa.
No soy de esos hombres que rehuyen de las chicas, pero ella me asusto, había algo que me hacia retroceder, como si ambos fuésemos del mismo polo, como los imanes. Nos miramos una primera vez, y de inmediato nos declaramos enemigos.
Me obsesione con la extraña reacción, y seguí buscándola con la mirada una y otra vez, tratando de acercarme a ella, tratando de entender porque, quien era esta extraña mujer que me impedía acercarme.
El mundo es un pañuelo y nosotros las lágrimas que ruedan por este, y me la volví a encontrar en cada reunión social donde yo asistía. Misteriosa siempre, rodeada de belleza e ironía.
Con unas cuantas copas de mas, envalentonado y medio loco, me acerque a hablarle por fin, el aroma cautivan te de su piel se volvió una horrible pestilencia para mi, y el asco me lleno por completo, y por momentos creí ver que su bella piel se caía a pedazos, podridos restos poblaban el suelo. Caí desmayado, sin entender el porque.
No la volví a ver, ni siquiera supe como aparecí en mi casa al día siguiente, estaba en mi cama, bañado en sudor, como si hubiera despertado de una pesadilla. Baje a desayunar. En las escaleras me encontré con algo espantoso, una mata de pelo negro estaba esparcida en ella, y el olor a putrefacción lo llenaba todo.
ELLA, esa cosa, me esperaba sentada en el sillón, su piel antes dorada y hermosa, ahora una masa viscosa y verde, oliendo a putrefacción. Sin pelo, lo único que permanecía, era el color amarillo de sus ojos.
Una voz cavernosa me dio la bienvenida, y una risa aguda se burlo de mi asqueada expresión. -Eres el primero en muchas décadas que nota mi verdadero ser- dijo arrastrando las palabras -podrías haber sido mas sabio y haber permanecido lejos...-
miércoles, 9 de febrero de 2011
Tu mano
Sostenías mi mano, no muy fuerte ni muy despacio, sólo con firmeza para que mis dedos no se escaparan con el movimiento involuntario.
Mis oídos no podían localizar tu voz, sólo escuchaba entrecortadamente lo que parecía ser el murmullo de tus dulces palabras, pero lejos, cada vez más lejos...
No sentía dolor, nada, puedo asegurarlo, pero no podía mover mi cuerpo a voluntad, me pesaba cada miembro cual si se hubiera vuelto de piedra, y sólo mis dedos seguían temblando en tus manos...
Y lloraba, las lágrimas corrían como un torrente caliente limpiando mi cara, mas no podía sollozar, las gotas formaban un caminito silente y constante.
Mis ojos estaban nublados, sólo distinguía las sombras de las personas que estaban alrededor de nosotros, que corrían desesperados.
Luego escuché por fin los gritos, los llantos, las voces ahogadas... "¡Sáquenlos!" "¡Este todavía respira!"... y tantas otras destempladas voces que ansiaban ayudar.
Tu mano se agarró fuertemente a la mía, pero no podías moverte, y yo no era capaz de hacer nada para llamar a los que intentaban hacer algo por nosotros, ¿Cómo les avisaba que estabamos allí si no podía levantar mi cuerpo ni menos alzar mi voz?, empecé a mover los labios lentamente, suavemente "Estamos aquí..." "Estamos vivos..." Y el terror se apoderaba rápidamente de mi al darme cuenta de que de mi garganta no salía sonido alguno, ibamos a morir...
No sé que pasó después, lamentablemente mi memoria ha descartado los trozos más importantes de lo que ocurrió en el instante en que por fin alguién se fijó en nosotros, atrapados bajo las ruinas de una escalera, inmoviles,casi asfixiados y medio muertos, pero tomados de la mano tan fuerte que las llamas parecían haber fundido ambas extremidades.
Mi laringe estaba tan dañada por el humo que los doctores dijeron que lo más probable es que no volviera a tener un funcionamiento normal, pero eso no me preocupaba, estaba más interesado en saber de ti, que pasaría contigo.
Los doctores dijeron que no sobrevivirías, recibiste la mayor parte del derrumbe sobre tu cuerpo para protegerme, y como los escombros estaban envueltos en llamas tu cuerpo estaba severamente quemado y dolorido.
No teníamos nada en común tu y yo, y aún así arriesgaste tu vida para salvar la mía, echaste todo un futuro brillante por la borda por un tipo que no vale la pena, y ahora estabas ahí, en una fría cama de hospital, dopado todo el tiempo para que no tuvieras que soportar el dolor, para mitigar la lenta muerte que te atacaba.
Después de dos semanas me atreví, ya que nadie venía a verte le pedí al doctor que me dejara estar contigo aunque fuesen unos minutos, así que cuando nos dejaron solos, me senté a tu lado con una pizarra y un plumón borrable en el regazo y te tomé la mano que estaba más cerca de mi.
Cerré los ojos y con todo mi cariño fui tratando de llevarte a través de mi calor las palabras de aliento y agradecimiento que fluían de mi corazón, y que mi dañada garganta no podía soltar, te di las gracias, te dije cuanto te amaba, cuanto anhelaba poder decirte tantas cosas a la cara, mirándote a los ojos, con mi voz suave de querubín.
Nos inventé una historia juntos, y un pasado hermoso, un amor espléndido que sabía que de haber sido otra la situación habría podido darte, de los besos apasionados bajo la luz de la luna que nos dimos tantas veces, de las horas muertas que me quedé contemplándote bello y varonil como eras, de la familia que quisimos formar, y finalmente del sacrificio enorme que hiciste por amor a mi, y apreté tu mano para despertarte de tu sueño doloroso.
Abriste los ojos y me miraste inundado de amor, tenían un color maravilloso que yo jamás habría podido imaginar, y moviste los labios para decir "gracias".
Tomé la pizarra con los ojos anegados de lágrimas, y garabateé una sola palabra "vive" y te la mostré. Lo que pasó después fue casi un milagro, luchaste codo a codo con la muerte, seguiste paso a paso las terapias para poder recuperar tu maltrecho cuerpo, pero tu espíritu seguía intacto.
Casi un año después abandonaste por fin la clínica, quizás ya nunca podrías ser el mismo de antes, pero aprenderías a vivir con ello. Salimos tomados de la mano, en lo que yo pensaba sería la última vez, ya que había creado esta fantasía para infundirte valor, pero no me dejaste soltarme y casi me arrastraste a tu lado. "No te irás, tenemos que recuperar el tiempo perdido y hacer realidad todas las cosas que me contaste."
Quise decir algo, pero me pareció mejor sólo esbozar una sonrisa, ya que aunque ya podía hablar bastante, tenía un nudo en la garganta.
Mis oídos no podían localizar tu voz, sólo escuchaba entrecortadamente lo que parecía ser el murmullo de tus dulces palabras, pero lejos, cada vez más lejos...
No sentía dolor, nada, puedo asegurarlo, pero no podía mover mi cuerpo a voluntad, me pesaba cada miembro cual si se hubiera vuelto de piedra, y sólo mis dedos seguían temblando en tus manos...
Y lloraba, las lágrimas corrían como un torrente caliente limpiando mi cara, mas no podía sollozar, las gotas formaban un caminito silente y constante.
Mis ojos estaban nublados, sólo distinguía las sombras de las personas que estaban alrededor de nosotros, que corrían desesperados.
Luego escuché por fin los gritos, los llantos, las voces ahogadas... "¡Sáquenlos!" "¡Este todavía respira!"... y tantas otras destempladas voces que ansiaban ayudar.
Tu mano se agarró fuertemente a la mía, pero no podías moverte, y yo no era capaz de hacer nada para llamar a los que intentaban hacer algo por nosotros, ¿Cómo les avisaba que estabamos allí si no podía levantar mi cuerpo ni menos alzar mi voz?, empecé a mover los labios lentamente, suavemente "Estamos aquí..." "Estamos vivos..." Y el terror se apoderaba rápidamente de mi al darme cuenta de que de mi garganta no salía sonido alguno, ibamos a morir...
No sé que pasó después, lamentablemente mi memoria ha descartado los trozos más importantes de lo que ocurrió en el instante en que por fin alguién se fijó en nosotros, atrapados bajo las ruinas de una escalera, inmoviles,casi asfixiados y medio muertos, pero tomados de la mano tan fuerte que las llamas parecían haber fundido ambas extremidades.
Mi laringe estaba tan dañada por el humo que los doctores dijeron que lo más probable es que no volviera a tener un funcionamiento normal, pero eso no me preocupaba, estaba más interesado en saber de ti, que pasaría contigo.
Los doctores dijeron que no sobrevivirías, recibiste la mayor parte del derrumbe sobre tu cuerpo para protegerme, y como los escombros estaban envueltos en llamas tu cuerpo estaba severamente quemado y dolorido.
No teníamos nada en común tu y yo, y aún así arriesgaste tu vida para salvar la mía, echaste todo un futuro brillante por la borda por un tipo que no vale la pena, y ahora estabas ahí, en una fría cama de hospital, dopado todo el tiempo para que no tuvieras que soportar el dolor, para mitigar la lenta muerte que te atacaba.
Después de dos semanas me atreví, ya que nadie venía a verte le pedí al doctor que me dejara estar contigo aunque fuesen unos minutos, así que cuando nos dejaron solos, me senté a tu lado con una pizarra y un plumón borrable en el regazo y te tomé la mano que estaba más cerca de mi.
Cerré los ojos y con todo mi cariño fui tratando de llevarte a través de mi calor las palabras de aliento y agradecimiento que fluían de mi corazón, y que mi dañada garganta no podía soltar, te di las gracias, te dije cuanto te amaba, cuanto anhelaba poder decirte tantas cosas a la cara, mirándote a los ojos, con mi voz suave de querubín.
Nos inventé una historia juntos, y un pasado hermoso, un amor espléndido que sabía que de haber sido otra la situación habría podido darte, de los besos apasionados bajo la luz de la luna que nos dimos tantas veces, de las horas muertas que me quedé contemplándote bello y varonil como eras, de la familia que quisimos formar, y finalmente del sacrificio enorme que hiciste por amor a mi, y apreté tu mano para despertarte de tu sueño doloroso.
Abriste los ojos y me miraste inundado de amor, tenían un color maravilloso que yo jamás habría podido imaginar, y moviste los labios para decir "gracias".
Tomé la pizarra con los ojos anegados de lágrimas, y garabateé una sola palabra "vive" y te la mostré. Lo que pasó después fue casi un milagro, luchaste codo a codo con la muerte, seguiste paso a paso las terapias para poder recuperar tu maltrecho cuerpo, pero tu espíritu seguía intacto.
Casi un año después abandonaste por fin la clínica, quizás ya nunca podrías ser el mismo de antes, pero aprenderías a vivir con ello. Salimos tomados de la mano, en lo que yo pensaba sería la última vez, ya que había creado esta fantasía para infundirte valor, pero no me dejaste soltarme y casi me arrastraste a tu lado. "No te irás, tenemos que recuperar el tiempo perdido y hacer realidad todas las cosas que me contaste."
Quise decir algo, pero me pareció mejor sólo esbozar una sonrisa, ya que aunque ya podía hablar bastante, tenía un nudo en la garganta.
domingo, 30 de enero de 2011
Yo soy feliz si tu eres feliz
"Yo soy feliz si tu eres feliz" dije sin pensar.
"Mentira", me contestó secamente.
Entonces perdí la batalla y las lágrimas hicieron su aparición, no hice nada por detenerlas y solo me giré dándole la espalda, todo se puso borroso, y me parecía mejor así, la realidad se apoderaba de mi escudo de fantasías y lo deshacía.
"¿Por qué me dices que serás feliz, si esta claro como el agua que no es verdad?" me recriminó.
Y yo, me quería quedar en silencio, pero mi aporreado espíritu había tomado el mando, "¿Qué más podía hacer? No tengo el poder de hacer que te quedes a mi lado, pero, pero si al menos supiera que alguien hace brillar tus ojos por amor, podría fingir que soy muy feliz."
Pensé que oiría su risa, que se burlaría de mi como siempre, mas esperé en vano, sólo pude escuchar sus pasos en el pasillo, alejándose de mi, sin decir palabras que me dieran al menos una esperanza. Todo estaba perdido.
Me quedé un rato más allí, esperando que las lágrimas se agotaran, y que mi corazón latiera a su ritmo normal, y cuando me preparaba para salir me topé de frente con él.
"Sería feliz si me dijeras lo que en verdad te pasa" dijo sonrojado, su cabello estaba alborotado, ya que siempre que algo lo molestaba lo revolvía con sus manos.
"Lo que me pasa es que estoy enamorada de ti, pero sé que nuestra amistad es lo más importante, que prometimos ser siempre los mejores amigos del mundo, y que yo... que yo no puedo verte como un amigo más, porque te amo demasiado" y rompí a llorar otra vez.
Esta vez puso sus brazos alrededor de mis hombros y me estrechó contra su pecho, pude sentir su corazón latiendo salvajemente, "¿Te acuerdas de lo que me dijiste cuando nos conocimos?", negué con la cabeza, "No puedes enamorarte de un amigo, porque eso sólo crea confusión y dolores de cabeza, aunque si fueras tu, no me importaría."
Mi respiración se cortó por unos segundos, era verdad que yo había dicho eso, hace más de 7 años, cuando no me importaban los chicos, y ahora me sentía tan perdida.
"He estado esperando más de 7 años a que me dijeras lo que sentías, creo que es hora de decirte lo que siento yo, nunca te he visto como una amiga, tu me gustas, y mucho." y casi susurrando en mi oido "soy muy feliz, ¿lo eres tu también?"
"Si", y sólo pude cerrar mis ojos y desear que este sueño no acabara nunca.
"Mentira", me contestó secamente.
Entonces perdí la batalla y las lágrimas hicieron su aparición, no hice nada por detenerlas y solo me giré dándole la espalda, todo se puso borroso, y me parecía mejor así, la realidad se apoderaba de mi escudo de fantasías y lo deshacía.
"¿Por qué me dices que serás feliz, si esta claro como el agua que no es verdad?" me recriminó.
Y yo, me quería quedar en silencio, pero mi aporreado espíritu había tomado el mando, "¿Qué más podía hacer? No tengo el poder de hacer que te quedes a mi lado, pero, pero si al menos supiera que alguien hace brillar tus ojos por amor, podría fingir que soy muy feliz."
Pensé que oiría su risa, que se burlaría de mi como siempre, mas esperé en vano, sólo pude escuchar sus pasos en el pasillo, alejándose de mi, sin decir palabras que me dieran al menos una esperanza. Todo estaba perdido.
Me quedé un rato más allí, esperando que las lágrimas se agotaran, y que mi corazón latiera a su ritmo normal, y cuando me preparaba para salir me topé de frente con él.
"Sería feliz si me dijeras lo que en verdad te pasa" dijo sonrojado, su cabello estaba alborotado, ya que siempre que algo lo molestaba lo revolvía con sus manos.
"Lo que me pasa es que estoy enamorada de ti, pero sé que nuestra amistad es lo más importante, que prometimos ser siempre los mejores amigos del mundo, y que yo... que yo no puedo verte como un amigo más, porque te amo demasiado" y rompí a llorar otra vez.
Esta vez puso sus brazos alrededor de mis hombros y me estrechó contra su pecho, pude sentir su corazón latiendo salvajemente, "¿Te acuerdas de lo que me dijiste cuando nos conocimos?", negué con la cabeza, "No puedes enamorarte de un amigo, porque eso sólo crea confusión y dolores de cabeza, aunque si fueras tu, no me importaría."
Mi respiración se cortó por unos segundos, era verdad que yo había dicho eso, hace más de 7 años, cuando no me importaban los chicos, y ahora me sentía tan perdida.
"He estado esperando más de 7 años a que me dijeras lo que sentías, creo que es hora de decirte lo que siento yo, nunca te he visto como una amiga, tu me gustas, y mucho." y casi susurrando en mi oido "soy muy feliz, ¿lo eres tu también?"
"Si", y sólo pude cerrar mis ojos y desear que este sueño no acabara nunca.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Adios 2010
Son casi las seis de la tarde en Chile, y yo, en vez de estar haciendo aseo, o incluso vistiéndome estoy frente al computador haciendo prácticamente nada...
Hoy se termina el año, un año que sin duda no fue fácil, y que trajo para muchos penas y alegrías, grandes desastres, y grandes perdidas...
Por mi parte, perdí a dos criaturas muy especiales para mi, mis queridos Tommy y Doky se fueron tan de repente que ha sido difícil conformarme aún.
Pero no todo ha sido dolor, ya que hay dos pequeños seres que lentamente se han ganado el corazón de esta familia, que estaba tan herido, y que aunque ronda la promesa de que deben ser regalados, Manchas y Goethe siguen jugando con las cortinas y trepandose por los pantalones de todos...
Espero que el próximo año esté lleno de bendiciones para tod@s, y que puedan cumplir todos sus propósitos en el año que ya se nos viene encima...
Gracias por leer...
Natta-chan
Hoy se termina el año, un año que sin duda no fue fácil, y que trajo para muchos penas y alegrías, grandes desastres, y grandes perdidas...
Por mi parte, perdí a dos criaturas muy especiales para mi, mis queridos Tommy y Doky se fueron tan de repente que ha sido difícil conformarme aún.
Pero no todo ha sido dolor, ya que hay dos pequeños seres que lentamente se han ganado el corazón de esta familia, que estaba tan herido, y que aunque ronda la promesa de que deben ser regalados, Manchas y Goethe siguen jugando con las cortinas y trepandose por los pantalones de todos...
Espero que el próximo año esté lleno de bendiciones para tod@s, y que puedan cumplir todos sus propósitos en el año que ya se nos viene encima...
Gracias por leer...
Natta-chan
miércoles, 15 de diciembre de 2010
No soy yo, eres tu
Hoy te dejé sentado en la entrada de nuestro adios, con los brazos caidos porque te vencí, y con los sueños hechos pedazos porque te alejé de mi lado sin razones aparentes.
Pero, hubo algo de lo que no te percataste, pensaste que yo era una loca por cortar las cosas a la mitad, por no admitir que me importaba mucho lo que tu y yo estábamos engendrando, no te diste cuenta del trasfondo de mis palabras... Ya que mientras te decía "suéltame", mi corazón gritaba "abrázame muy fuerte y no me dejes ir", porque al reirme en tu cara lloraba a mares por dentro, porque mi sangre hervía de impaciencia porque me besaras mientras mi semblante estaba estático y negativo frente a tus súplicas. Así, simplemente no supiste atender a las señales, y me dejaste ir.
Razones de sobra tuve para darme cuenta de lo poco que te importaba, porque aunque dijiste claramente "jamás dejaré de amarte", tus propios brazos me apartaban a un lado, y aunque gritabas que me amabas en tus silencios se oía claramente "Tu no eres nadie para deshacerte de alguien como yo."
De esa forma, en las frases no dichas, en los sentimientos no expresados, no fuiste tu el que se quedó vencido a la entrada del adios, fui yo la que se quedó atrás mientras tu cerrabas la puerta y decidías, aunque decías lo contrario, hacerme bolita como un papel y lanzarme a la basura de tu olvido.
Pero, hubo algo de lo que no te percataste, pensaste que yo era una loca por cortar las cosas a la mitad, por no admitir que me importaba mucho lo que tu y yo estábamos engendrando, no te diste cuenta del trasfondo de mis palabras... Ya que mientras te decía "suéltame", mi corazón gritaba "abrázame muy fuerte y no me dejes ir", porque al reirme en tu cara lloraba a mares por dentro, porque mi sangre hervía de impaciencia porque me besaras mientras mi semblante estaba estático y negativo frente a tus súplicas. Así, simplemente no supiste atender a las señales, y me dejaste ir.
Razones de sobra tuve para darme cuenta de lo poco que te importaba, porque aunque dijiste claramente "jamás dejaré de amarte", tus propios brazos me apartaban a un lado, y aunque gritabas que me amabas en tus silencios se oía claramente "Tu no eres nadie para deshacerte de alguien como yo."
De esa forma, en las frases no dichas, en los sentimientos no expresados, no fuiste tu el que se quedó vencido a la entrada del adios, fui yo la que se quedó atrás mientras tu cerrabas la puerta y decidías, aunque decías lo contrario, hacerme bolita como un papel y lanzarme a la basura de tu olvido.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Para conocerme mejor
Hace unos minutos me encontré con estas hermosas preguntas en el blog de mi compañera y amiga Nori, fue, ¿Cómo decirlo? Motivador, así que me parece buena idea contestar las preguntas para que me conozcan un poco más ^^
1. ¿Cuáles son los olores y sabores que te recuerdan la infancia?
Ooooh, el olor a tierra mojada (me da hambre), ya que cuando era pequeña me la comía a puñados y el olor a colonia inglesa de limón, que es la colonia que mi abuelita me echaba en el pelo cuando me peinaba para el colegio, y que ahora cada vez que huelo me hace pensar en ella y que quiero correr a abrazarla (mi abuelita no se ha muerto, por si acaso).
2. ¿Cuál es el personaje de una historia, cuento, novela, o película que te hubiera gustado ser?
Mmmmm, yo creo que Lucía, de las Crónicas de Narnia, puesto que sus aventuras la muestran como una niña valiente y decidida, siempre dispuesta a ayudar a los demás, pero aún así tierna y dulce. Es como el reflejo de la persona que yo debí haber sido, pero que por azares del destino (y mi intervención divina al mal caracter que tengo) no soy. Aunque no la envidio, en casa los hermanos también somos cuatro, y yo no soy la menor, sino que la mayor.
También me habría gustado ser un personaje de las historias de Isabel Allende, ¡cualquiera! Quisiera ser fuerte como Eliza Sommers, valiente como Alba, decidida como Paulina del Valle...
3. Si fueras mascota, ¿Cuál escogerías y como te gustaría que te trataran?
Sería un gato o un hamster, lo primero para regalonear sin culpas (me cuesta mucho ser tierna), y dormir todo el día (coughcoughofcourse), y el hamster para pasarme el día en mi casita, comer semillas, y no tener más preocupaciones que buscar un buen sitio para la siesta.
4. ¿Alguna maña o manía que conserves aún después de grande?
-Guardar todo papel o boleta que me entreguen, una amiga me escribió una vez unos improperios en inglés (horriblemente básico)en papel higiénico, lo guarde por más de 5 años hasta que mi papá me lo botó.
-No poder andar con el pelo suelto, hasta cuando lo tuve muy corto me las ingenié para llevarlo tomado (así de maniática)
-Morderme los cueritos de los dedos, partí mordiéndime las uñas a los 9 años, como me retaron muho me las dejé tranquilas y empece a desollarme los dedos, y no sólo los muerdo, me los como (u////u)
-Siempre que voy a un supermercado o librería me compro un lápiz, un corrector, destacadores, gomas de borrar, portaminas, o lo que sea que se pueda poner en el estuche, porque tengo una obsesión malsana con los articulos de escritorio. Una vez me gasté 25.000 en lapices, cuadernos, gomas y otros que durante los dos años siguientes no tuve excusa para comprar nada más 0////0
-No sé si esta se pueda considerar como maña o manía (mi pololo dice que si), pero siempre me las ingenio para chocar con las cosas, por más lejos que estén, una vez chocqué con el marco de la puerta de mi pieza, lo raro es que no tengo marco de puerta, y lo más raro aún es que involuntariamente me agaché y mi cabeza chocó como en la mitad del marco.
5. si volvieras a la adolescencia ¿Qué aspecto o parte de tu vida te hubiera gustado cambiar?
Mi super hiper ultra estupida decisión de dejar que mis tres amigas me sacaran las cejas a los 13 años, desde entonces nunca más han vuelto a estar parejas ¬¬
Siento que tuve una buena adolescencia, aunque era demasiado retraida, quizas debí hablar con más personas, así me habría evitado el bullying, digo yo...
6. ¿Cómo te imaginaste tu vida cuando eras niña?
Quería ser una madre soltera (de una niña) que viajara por el mundo e hiciera clases también, por ese lado mi amor por la pedagogía no ha cambiado ni un poco, pero ahora ya no quiero ser madre, ni soltera, ni casada. (te aguantas, eh! Te aguantas)
7. ¿Alguna vez se te a escapado un sueño?, si son muchos, ¿Cuál te hubiera gustado atrapar?
Ser cantante, estuve a punto de entrar a la escuela de Luis Jara, pero serlo es mucha inversión de dinero, y seamos sinceros, canto bien, pero no soy la última chupada del mate como otras chicas. Habría sido un camino muy largo.
8. ¿Cómo te gustaría que te recordaran tus amigos y amigas?
Como lo que fui, pava, lesa, demasiado comprometida con mis amigos, que sepan que yo si moriría por ellos, no lo digo en broma, que siempre traté de estar ahí cuando me necesitaron, que a pesar de parecer florerito de mesa, nunca lo fui, fue un mal consejo de mi profe de Inglés del liceo xD. Que me recuerden como alguien que los quizo, que los quiere y que los querrá, porque más allá de la muerte, sigue la vida, y sigue el amor...
Awww, que lindo y tierno me quedó...
Dejo esto aquí, y espero que mis querid@s:
Azile
Lelouch
Aruheri
Arrocito
y quienes les guste esto, lo completen también.
Besos.
1. ¿Cuáles son los olores y sabores que te recuerdan la infancia?

Ooooh, el olor a tierra mojada (me da hambre), ya que cuando era pequeña me la comía a puñados y el olor a colonia inglesa de limón, que es la colonia que mi abuelita me echaba en el pelo cuando me peinaba para el colegio, y que ahora cada vez que huelo me hace pensar en ella y que quiero correr a abrazarla (mi abuelita no se ha muerto, por si acaso).
2. ¿Cuál es el personaje de una historia, cuento, novela, o película que te hubiera gustado ser?
Mmmmm, yo creo que Lucía, de las Crónicas de Narnia, puesto que sus aventuras la muestran como una niña valiente y decidida, siempre dispuesta a ayudar a los demás, pero aún así tierna y dulce. Es como el reflejo de la persona que yo debí haber sido, pero que por azares del destino (y mi intervención divina al mal caracter que tengo) no soy. Aunque no la envidio, en casa los hermanos también somos cuatro, y yo no soy la menor, sino que la mayor.
También me habría gustado ser un personaje de las historias de Isabel Allende, ¡cualquiera! Quisiera ser fuerte como Eliza Sommers, valiente como Alba, decidida como Paulina del Valle...
3. Si fueras mascota, ¿Cuál escogerías y como te gustaría que te trataran?
Sería un gato o un hamster, lo primero para regalonear sin culpas (me cuesta mucho ser tierna), y dormir todo el día (coughcoughofcourse), y el hamster para pasarme el día en mi casita, comer semillas, y no tener más preocupaciones que buscar un buen sitio para la siesta.
4. ¿Alguna maña o manía que conserves aún después de grande?
-Guardar todo papel o boleta que me entreguen, una amiga me escribió una vez unos improperios en inglés (horriblemente básico)en papel higiénico, lo guarde por más de 5 años hasta que mi papá me lo botó.
-No poder andar con el pelo suelto, hasta cuando lo tuve muy corto me las ingenié para llevarlo tomado (así de maniática)
-Morderme los cueritos de los dedos, partí mordiéndime las uñas a los 9 años, como me retaron muho me las dejé tranquilas y empece a desollarme los dedos, y no sólo los muerdo, me los como (u////u)
-Siempre que voy a un supermercado o librería me compro un lápiz, un corrector, destacadores, gomas de borrar, portaminas, o lo que sea que se pueda poner en el estuche, porque tengo una obsesión malsana con los articulos de escritorio. Una vez me gasté 25.000 en lapices, cuadernos, gomas y otros que durante los dos años siguientes no tuve excusa para comprar nada más 0////0
-No sé si esta se pueda considerar como maña o manía (mi pololo dice que si), pero siempre me las ingenio para chocar con las cosas, por más lejos que estén, una vez chocqué con el marco de la puerta de mi pieza, lo raro es que no tengo marco de puerta, y lo más raro aún es que involuntariamente me agaché y mi cabeza chocó como en la mitad del marco.
5. si volvieras a la adolescencia ¿Qué aspecto o parte de tu vida te hubiera gustado cambiar?
Mi super hiper ultra estupida decisión de dejar que mis tres amigas me sacaran las cejas a los 13 años, desde entonces nunca más han vuelto a estar parejas ¬¬
Siento que tuve una buena adolescencia, aunque era demasiado retraida, quizas debí hablar con más personas, así me habría evitado el bullying, digo yo...
6. ¿Cómo te imaginaste tu vida cuando eras niña?
Quería ser una madre soltera (de una niña) que viajara por el mundo e hiciera clases también, por ese lado mi amor por la pedagogía no ha cambiado ni un poco, pero ahora ya no quiero ser madre, ni soltera, ni casada. (te aguantas, eh! Te aguantas)
7. ¿Alguna vez se te a escapado un sueño?, si son muchos, ¿Cuál te hubiera gustado atrapar?
Ser cantante, estuve a punto de entrar a la escuela de Luis Jara, pero serlo es mucha inversión de dinero, y seamos sinceros, canto bien, pero no soy la última chupada del mate como otras chicas. Habría sido un camino muy largo.
8. ¿Cómo te gustaría que te recordaran tus amigos y amigas?
Como lo que fui, pava, lesa, demasiado comprometida con mis amigos, que sepan que yo si moriría por ellos, no lo digo en broma, que siempre traté de estar ahí cuando me necesitaron, que a pesar de parecer florerito de mesa, nunca lo fui, fue un mal consejo de mi profe de Inglés del liceo xD. Que me recuerden como alguien que los quizo, que los quiere y que los querrá, porque más allá de la muerte, sigue la vida, y sigue el amor...
Awww, que lindo y tierno me quedó...
Dejo esto aquí, y espero que mis querid@s:
Azile
Lelouch
Aruheri
Arrocito
y quienes les guste esto, lo completen también.
Besos.
martes, 23 de noviembre de 2010
Capitulo V (Bajo un cielo estrellado)
"El reencuentro"
Xavier estaba de pie ante la ventana, sosteniendo la carta de Emilia entre sus dedos, su otra mano estaba apoyada contra el vidrio, presionando muy fuerte. Hace una semana que no se veían en persona, pero allí estaba la carta, releida una y otra vez.
"¿Qué estoy haciendo?" se preguntaba "¿Qué coño estoy haciendo?"
Con los ojos vidriosos observó la ciudad, la tarde moría tan temprano en otoño, pero las luces de la calle y de los edificios no permitían que la oscuridad reinara "Así como Emilia no permite que el tiempo le haga olvidar su amor".
El departamento quedó en penumbra, y la silueta de Xavier se destacaba contra la ventana, las sombras de la habitación fueron las únicas que lo vieron estremecerse por el llanto, encogerse en el piso sosteniendo la carta contra su pecho.
Pasos, Emilia pedía dar un paso a la vez, un paso a la vez, nada más, pero Xavier se consumía lentamente por el miedo. Encogido como un niño pequeño asustado, trataba de darle sentido práctico a las palabras de la chica "Diez años es mucho tiempo", toda una vida, se podría decir.
Se levantó de un salto, tenía por fin una luz al final del tunel, había alguien que podría guíar sus pasos, la única persona a la que en verdad debía temer, pero que a la vez era la única a la que podía confiarle su dolor.
Buscó en su maleta, cuando dio por fin con una libreta de notas empezó a voltear las páginas desesperadamente, como si no supiera donde hallar su respuesta. Un nombre destacado con color, un número de teléfono, una dirección. Salió del departamento como un rayo.
-----------------------------------------º----------------------------------------
-Pedro- le llamó
El hombre se volvió para ver quien lo llamaba, llevaba un traje gris que parecía decir "estoy apurado", pero su corbata naranja, desentonando a propósito era una invitación a la risa, así como sus ojos vivaces y su pelo, aunque corto, alborotado.
-¿Si?- preguntó, con una semi-sonrisa
-Soy yo, Xavier, ¿es que ya no te acuerdas de mi, tío?- sonrió el español, poniendo los brazos en jarra.
Los ojos de Pedro se abrieron como platos, su boca se abrió ligeramente, se acercó a Xavier, y sin pensarlo dos veces lo atrapó entre sus brazos, le sacaba más de una cabeza en estatura.
El abrazo de Pedro llenó de confianza al tribulado hombre, se sintió seguro en brazos de su viejo amigo -¡Cómo has crecido, chaval!- rio.
El del traje gris estaba extasiado, -no todos los días vuelven los muertos a la vida- le contestó.
-No, no todos los días ocurren milagros como estos- susurró Xavier -y... ¡ya suéltame, joder!- bromeó tratando de zafarse del apretón.
-Es que estoy perplejo, perplejísimo, ¿Cuándo volviste? ¿Emi lo sabe? Deberías ir a verla, no, no, no, en una de esas te hace pedazos por irte tanto tiempo, ya sabes que se pone peligrosa si tiene rabia...- soltó como un chorro de agua el del traje gris.
Xavier estaba maravillado por lo distintos que eran los hermanos Barra, la chica, Emilia, era reservada y temperamental. En cambio, Pedro, el mayor, era jovial y suave, siempre abierto a oir las quejas de los demás, siempre dispuesto a recibirlo con los brazos abiertos.
-No sabes cuanto te exrañé- sonrió Pedro.
El español, sonrojado, giró la cara y miró hacia un pequeño cafe al final de la calle.
Xavier estaba de pie ante la ventana, sosteniendo la carta de Emilia entre sus dedos, su otra mano estaba apoyada contra el vidrio, presionando muy fuerte. Hace una semana que no se veían en persona, pero allí estaba la carta, releida una y otra vez.
"¿Qué estoy haciendo?" se preguntaba "¿Qué coño estoy haciendo?"
Con los ojos vidriosos observó la ciudad, la tarde moría tan temprano en otoño, pero las luces de la calle y de los edificios no permitían que la oscuridad reinara "Así como Emilia no permite que el tiempo le haga olvidar su amor".
El departamento quedó en penumbra, y la silueta de Xavier se destacaba contra la ventana, las sombras de la habitación fueron las únicas que lo vieron estremecerse por el llanto, encogerse en el piso sosteniendo la carta contra su pecho.
Pasos, Emilia pedía dar un paso a la vez, un paso a la vez, nada más, pero Xavier se consumía lentamente por el miedo. Encogido como un niño pequeño asustado, trataba de darle sentido práctico a las palabras de la chica "Diez años es mucho tiempo", toda una vida, se podría decir.
Se levantó de un salto, tenía por fin una luz al final del tunel, había alguien que podría guíar sus pasos, la única persona a la que en verdad debía temer, pero que a la vez era la única a la que podía confiarle su dolor.
Buscó en su maleta, cuando dio por fin con una libreta de notas empezó a voltear las páginas desesperadamente, como si no supiera donde hallar su respuesta. Un nombre destacado con color, un número de teléfono, una dirección. Salió del departamento como un rayo.
-----------------------------------------º----------------------------------------
-Pedro- le llamó
El hombre se volvió para ver quien lo llamaba, llevaba un traje gris que parecía decir "estoy apurado", pero su corbata naranja, desentonando a propósito era una invitación a la risa, así como sus ojos vivaces y su pelo, aunque corto, alborotado.
-¿Si?- preguntó, con una semi-sonrisa
-Soy yo, Xavier, ¿es que ya no te acuerdas de mi, tío?- sonrió el español, poniendo los brazos en jarra.
Los ojos de Pedro se abrieron como platos, su boca se abrió ligeramente, se acercó a Xavier, y sin pensarlo dos veces lo atrapó entre sus brazos, le sacaba más de una cabeza en estatura.
El abrazo de Pedro llenó de confianza al tribulado hombre, se sintió seguro en brazos de su viejo amigo -¡Cómo has crecido, chaval!- rio.
El del traje gris estaba extasiado, -no todos los días vuelven los muertos a la vida- le contestó.
-No, no todos los días ocurren milagros como estos- susurró Xavier -y... ¡ya suéltame, joder!- bromeó tratando de zafarse del apretón.
-Es que estoy perplejo, perplejísimo, ¿Cuándo volviste? ¿Emi lo sabe? Deberías ir a verla, no, no, no, en una de esas te hace pedazos por irte tanto tiempo, ya sabes que se pone peligrosa si tiene rabia...- soltó como un chorro de agua el del traje gris.
Xavier estaba maravillado por lo distintos que eran los hermanos Barra, la chica, Emilia, era reservada y temperamental. En cambio, Pedro, el mayor, era jovial y suave, siempre abierto a oir las quejas de los demás, siempre dispuesto a recibirlo con los brazos abiertos.
-No sabes cuanto te exrañé- sonrió Pedro.
El español, sonrojado, giró la cara y miró hacia un pequeño cafe al final de la calle.
martes, 9 de noviembre de 2010
Dos años de un diario
Cerré el diario de vida que llevé durante dos años, donde anotaba mis emociones y pensamientos sobre una persona en especial, ya que por eso lo inicié; todo aquello que nunca pude decirle a la cara lo puse por escrito.
Me pasaba horas enteras divagando como amarlo más o como amarlo menos, pero cada día veía crecer mis sentimientos aunque nunca hubiésemos cruzado palabra y me daba miedo ¿Lo que amaba era real o era sólo una ensoñación?
Él era un ser lejano y ajeno, que se acercó a mi un día a pedirme una tarea de la escuela, yo se la presté como siempre le presto a los demás lo que me piden, pero ya no pude dejar de mirarlo, de seguir sus movimientos asustada.
Lo amé durante más tiempo del permitido para las ensoñaciones, lo amé más allá de mi propia cordura, lo amé como no se cree que puede amar una adolescente. Pero no le dije nada... Le escribía cartas que nunca le entregué, me confesaba en sueños, lo besaba en la brisa que me revolvía el pelo. Y lo moldeé a mi propio gusto y necesidad.
Y página a página rellené un diario de vida, con las aventuras que nunca vivimos, con los besos que no nos dimos, con el amor que no cultivamos, con las películas que no vimos, con los paseos de la mano que no dimos. Con los poemas bien escritos que alababan el color de sus ojos, la forma de su boca, el brillo de su pelo, y los mal escritos que lo recriminaban por no amarme con la misma intensidad con la que yo lo amaba. Y terminé odiándolo.
Esas peleas que anoté en el diario, esos salvajes arrebatos donde lo culpaba de todas mis desdichas, de no ser bonita, porque a sus ojos no lo era, de no tener valor de discutirlo cara a cara, de no tener la fuerza para soportar su rechazo, de no ser como las heroínas de las historias que leía, las cuales tenían el coraje para enfrentarse a sus demonios, y vencerlos. Lo culpaba por no hacer, y por hacer también.
Y cuando hace unos días me dijo que le gustaba... Me di cuenta de que no era guapo, no era inteligente, no tenía sentido del humor, y que me había pasado dos años de mi vida amando a un desconocido que ahora que ya lo conocía, no me gustaba para nada.
Me pasaba horas enteras divagando como amarlo más o como amarlo menos, pero cada día veía crecer mis sentimientos aunque nunca hubiésemos cruzado palabra y me daba miedo ¿Lo que amaba era real o era sólo una ensoñación?
Él era un ser lejano y ajeno, que se acercó a mi un día a pedirme una tarea de la escuela, yo se la presté como siempre le presto a los demás lo que me piden, pero ya no pude dejar de mirarlo, de seguir sus movimientos asustada.
Lo amé durante más tiempo del permitido para las ensoñaciones, lo amé más allá de mi propia cordura, lo amé como no se cree que puede amar una adolescente. Pero no le dije nada... Le escribía cartas que nunca le entregué, me confesaba en sueños, lo besaba en la brisa que me revolvía el pelo. Y lo moldeé a mi propio gusto y necesidad.
Y página a página rellené un diario de vida, con las aventuras que nunca vivimos, con los besos que no nos dimos, con el amor que no cultivamos, con las películas que no vimos, con los paseos de la mano que no dimos. Con los poemas bien escritos que alababan el color de sus ojos, la forma de su boca, el brillo de su pelo, y los mal escritos que lo recriminaban por no amarme con la misma intensidad con la que yo lo amaba. Y terminé odiándolo.
Esas peleas que anoté en el diario, esos salvajes arrebatos donde lo culpaba de todas mis desdichas, de no ser bonita, porque a sus ojos no lo era, de no tener valor de discutirlo cara a cara, de no tener la fuerza para soportar su rechazo, de no ser como las heroínas de las historias que leía, las cuales tenían el coraje para enfrentarse a sus demonios, y vencerlos. Lo culpaba por no hacer, y por hacer también.
Y cuando hace unos días me dijo que le gustaba... Me di cuenta de que no era guapo, no era inteligente, no tenía sentido del humor, y que me había pasado dos años de mi vida amando a un desconocido que ahora que ya lo conocía, no me gustaba para nada.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Mi lluvia...
Cuando era una niña jugaba en los charcos de agua, saltaba sobre ellos hasta empaparme por completo, y no me importaba, ya que no me enfermo en invierno. Me pasaba todos esos días en que el cielo estaba cargado de nubes negras jugando con mis compañeros de clase, el primero en mojarse el uniforme perdía, pero no importaba, todos terminábamos mojados hasta la ropa interior.
Pero esos años ya se quedaron atrás, ya no tengo tiempo de jugar en los charcos, ahora los esquivo, corro bajo la lluvia para guarecerme en cualquier lugar, y ya no miro al cielo mientras las gotas de lluvia caen por mi cara, miro siempre al suelo.
No dejo de preguntarme por qué ya no disfruto de estas cosas tan simples, por qué ahora todo tiene un resultado, antes hacía las cosas porque eran divertidas, porque la iba a pasar muy bien, porque nada importaba.
Fue un buen día de esos, en Noviembre, que dejé mis preocupaciones de lado, salí corriendo sin más que un delgado abrigo bajo la lluvia fuera de temporada, después de salir del trabajo, con una faringitis a medio terminar, con una plaza embellecida por las frías gotas que caían. Corrí hasta que se me agotó el aliento y me paré delante de un charco, no miré a ningún lado y salté encima, mientras el barro se fusionaba con mi ropa, con mis zapatos, con mi nueva forma de ver la vida.
De pronto escuché una carcajada, un chico bajo un paraguas negro me miraba sorprendido, se me acercó y dijo "No pensé jamás que saltarías al charco, te he estado mirando desde que te echaste a correr bajo la lluvia con una sonrisa en la cara".
Yo lo miré, manchada y mojada completamente, pero no le pude decir nada, aunque como no sentía verguenza sólo le sonreí. Me marché tranquila hasta el paradero de la micro, y cuando ya estaba arriba de la que me llevaría a mi casa pude ver por la ventana al chico parado aún cerca del charco, debía estar pensando aún en lanzarse o no.
Pero esos años ya se quedaron atrás, ya no tengo tiempo de jugar en los charcos, ahora los esquivo, corro bajo la lluvia para guarecerme en cualquier lugar, y ya no miro al cielo mientras las gotas de lluvia caen por mi cara, miro siempre al suelo.
No dejo de preguntarme por qué ya no disfruto de estas cosas tan simples, por qué ahora todo tiene un resultado, antes hacía las cosas porque eran divertidas, porque la iba a pasar muy bien, porque nada importaba.
Fue un buen día de esos, en Noviembre, que dejé mis preocupaciones de lado, salí corriendo sin más que un delgado abrigo bajo la lluvia fuera de temporada, después de salir del trabajo, con una faringitis a medio terminar, con una plaza embellecida por las frías gotas que caían. Corrí hasta que se me agotó el aliento y me paré delante de un charco, no miré a ningún lado y salté encima, mientras el barro se fusionaba con mi ropa, con mis zapatos, con mi nueva forma de ver la vida.
De pronto escuché una carcajada, un chico bajo un paraguas negro me miraba sorprendido, se me acercó y dijo "No pensé jamás que saltarías al charco, te he estado mirando desde que te echaste a correr bajo la lluvia con una sonrisa en la cara".
Yo lo miré, manchada y mojada completamente, pero no le pude decir nada, aunque como no sentía verguenza sólo le sonreí. Me marché tranquila hasta el paradero de la micro, y cuando ya estaba arriba de la que me llevaría a mi casa pude ver por la ventana al chico parado aún cerca del charco, debía estar pensando aún en lanzarse o no.
jueves, 4 de noviembre de 2010
El Principe Azul
El Principe Azul, ese que tenía que llegar montado en un caballo blanco, no llegó. Me dejó plantada esperando verlo aparecer. Me hizo un desaire, creo yo.
Pero no me quedé a esperarlo mucho, no estoy interesada en una relación de cuentos de hadas, y la verdad nunca la soñé, ni la deseé, pero, ¡Pero! Como buena niña ilusa, igual me imaginaba a un guapo caballero que se enamorara perdidamente de mi y me llevara lejos, si era al extranjero, mejor. Poco me importa hacer tramites de visas.
Mis motivos ulteriores con el susodicho príncipe se basaban principalmente en un arreglo intelectual, tú (Principe Azul) serías la estética de la relación, yo el cerebro, que no quepa duda. Si al fin y al cabo, hasta las mejores relaciones se avienen con la conveniencia de ambas partes.
Y al final que habría pasado con Don Príncipe, se habría puesto fofo y feo, esa es la verdad, y yo, también, para que andar con rodeos, fofa y más fea. Pero igual, con los recuerdos de los tiempos pasados que de por si fueron mejores basta.
¿Será por eso que no me arrepiento de no haber esperado más? Si al final, sea lindo o sea feo con los años se pondrá viejo de todas formas, y tanto el como yo terminaríamos dando pena en el primer asilo que nuestros hermosos e inteligentes retoños escogieran con "mucho amor" para nosotros.
Pero no me quedé a esperarlo mucho, no estoy interesada en una relación de cuentos de hadas, y la verdad nunca la soñé, ni la deseé, pero, ¡Pero! Como buena niña ilusa, igual me imaginaba a un guapo caballero que se enamorara perdidamente de mi y me llevara lejos, si era al extranjero, mejor. Poco me importa hacer tramites de visas.
Mis motivos ulteriores con el susodicho príncipe se basaban principalmente en un arreglo intelectual, tú (Principe Azul) serías la estética de la relación, yo el cerebro, que no quepa duda. Si al fin y al cabo, hasta las mejores relaciones se avienen con la conveniencia de ambas partes.
Y al final que habría pasado con Don Príncipe, se habría puesto fofo y feo, esa es la verdad, y yo, también, para que andar con rodeos, fofa y más fea. Pero igual, con los recuerdos de los tiempos pasados que de por si fueron mejores basta.
¿Será por eso que no me arrepiento de no haber esperado más? Si al final, sea lindo o sea feo con los años se pondrá viejo de todas formas, y tanto el como yo terminaríamos dando pena en el primer asilo que nuestros hermosos e inteligentes retoños escogieran con "mucho amor" para nosotros.
martes, 2 de noviembre de 2010
Pierdes la cabeza
Mi pololo se quedó sin trabajo... Tiene 22 años, no quiere estudiar aún.
Tengo 21, peso 88 kilos, tengo resistencia a la insulina, me dió faringitis por segunda vez en el lapso de 3 semanas desde la anterior.
Todo me está haciendo perder el norte, y duele un poquito, pero cada vez que pienso que "pena mi vida", viene el comentario o el abrazo amigo que me alivia, que me dice "No te preocupes, porque todo estará bien".
Soy rarita, también, porque le hablo con cariño al hombre que arrastró mis sentimientos como un trapero sucio y destruyó mi inocencia. No lo puedo odiar, no siento odio. Quiero que sea feliz.
Pienso en tantas tonteras a la velocidad de la luz, que cada noche me cuesta bastante quedarme dormida porque me lleno de los pensamientos del día.
Pierdes la cabeza... Cuando piensas demasiado.
Pierdes la cabeza... Cuando las cosas no salen como esperabas.
Pierdes la cabeza... Cuando la persona que amas no actúa como tu quieres.
Pierdes la cabeza... Cuando te tropiezas por darle paso a las nuevas experiencias.
Y tú... ¿Pierdes la cabeza?
Tengo 21, peso 88 kilos, tengo resistencia a la insulina, me dió faringitis por segunda vez en el lapso de 3 semanas desde la anterior.
Todo me está haciendo perder el norte, y duele un poquito, pero cada vez que pienso que "pena mi vida", viene el comentario o el abrazo amigo que me alivia, que me dice "No te preocupes, porque todo estará bien".
Soy rarita, también, porque le hablo con cariño al hombre que arrastró mis sentimientos como un trapero sucio y destruyó mi inocencia. No lo puedo odiar, no siento odio. Quiero que sea feliz.
Pienso en tantas tonteras a la velocidad de la luz, que cada noche me cuesta bastante quedarme dormida porque me lleno de los pensamientos del día.
Pierdes la cabeza... Cuando piensas demasiado.
Pierdes la cabeza... Cuando las cosas no salen como esperabas.
Pierdes la cabeza... Cuando la persona que amas no actúa como tu quieres.
Pierdes la cabeza... Cuando te tropiezas por darle paso a las nuevas experiencias.
Y tú... ¿Pierdes la cabeza?
jueves, 21 de octubre de 2010
Capitulo IV (Bajo un cielo estrellado)
Puso una hoja de papel frente a ella en el escritorio, y tomando su lapicera favorita empezó a escribir, lentamente, redondeando cada palabra tanto con su mente como con su mano. Rozando el papel con suavidad, con la dulce sensación que disfrutó años atrás, cuando escribió su primera y última carta.
"Xavier:
Ha sido impresionante darme cuenta que estos sentiemientos contenidos por diez años no han menguado en nada, que mi corazón sigue palpitando con la misma fuerza con que lo hizo, cuando diez años atrás me senté en este mismo escritorio a escribir mi primera y única carta de amor.
Ha sido maravilloso volver a verte, volver a tener tu sonrisa tan cerca, volver a ver tus ojos misteriosos.
No espero que me comprendas, pero en esta breve carta espero que comprendas que estoy dispuesta a conocerte, a darte una oportunidad para que entres a mi vida. Voy a arriesgarme a dar todo lo que no he dado con anterioridad.
Aunque, primero necesito que comprendas que no estás frente a una niña enamorada, ahora soy una mujer, sé como es el mundo, sé que nada es gratis, sé que no existen los principes azules montados en su blanco corcel. Todo eso y mucho más lo sé.
La oportunidad que te ofrezco no tiene fecha límite, pero necesito que sea pronto que me des tu impresión, porque "el tiempo pasa y nos vamos volviendo viejos", como dice la canción.
Olvidemonos del miedo, ¡demos un paso a la vez!
Te quiero, Emilia"
"Xavier:
Ha sido impresionante darme cuenta que estos sentiemientos contenidos por diez años no han menguado en nada, que mi corazón sigue palpitando con la misma fuerza con que lo hizo, cuando diez años atrás me senté en este mismo escritorio a escribir mi primera y única carta de amor.
Ha sido maravilloso volver a verte, volver a tener tu sonrisa tan cerca, volver a ver tus ojos misteriosos.
No espero que me comprendas, pero en esta breve carta espero que comprendas que estoy dispuesta a conocerte, a darte una oportunidad para que entres a mi vida. Voy a arriesgarme a dar todo lo que no he dado con anterioridad.
Aunque, primero necesito que comprendas que no estás frente a una niña enamorada, ahora soy una mujer, sé como es el mundo, sé que nada es gratis, sé que no existen los principes azules montados en su blanco corcel. Todo eso y mucho más lo sé.
La oportunidad que te ofrezco no tiene fecha límite, pero necesito que sea pronto que me des tu impresión, porque "el tiempo pasa y nos vamos volviendo viejos", como dice la canción.
Olvidemonos del miedo, ¡demos un paso a la vez!
Te quiero, Emilia"
martes, 14 de septiembre de 2010
Te vas a reir cuando te acuerdes de esto...
Las odio, si, odio esas palabras... No me dolerá mañana, me duele ahora...
Cada vez que alguien se acerca para decirme que mire las situaciones con un poco más de optimismo se me aprieta el pecho y me siento más sola que nunca.
¿Será que no puedo ponerme en la situación de que el mal momento será pasajero?
Pero bueno, es mejor a que no me digan nada, pero también espero que comprendan que es difícil cerrar los ojos y rogar por que todo haya pasado ya, y sin sentirlo en lo posible. No puedo vivir en "piloto automático" todo el tiempo.
Cada vez que alguien se acerca para decirme que mire las situaciones con un poco más de optimismo se me aprieta el pecho y me siento más sola que nunca.
¿Será que no puedo ponerme en la situación de que el mal momento será pasajero?
Pero bueno, es mejor a que no me digan nada, pero también espero que comprendan que es difícil cerrar los ojos y rogar por que todo haya pasado ya, y sin sentirlo en lo posible. No puedo vivir en "piloto automático" todo el tiempo.
martes, 7 de septiembre de 2010
Capitulo III (Bajo un cielo estrellado)
[u]Consejo del polo opuesto[/u]
Xavier, un nombre raro, un nombre extranjero... Un total desconocido.
Emilia se paseaba de arriba a abajo en su casa luego de que Xavier se fuera, su madre la observaba curiosa, casi como si no se animara a preguntar.
-Pocas veces te he visto tan perturbada, Emi- le dijo con su voz apagada.
-Perturbada no, mamá, impresionada es la palabra clave- contestó Emilia con un dejo de fastidio en su voz -impresionada de mis propios actos-
-Deberías llamar a Pedro, no debe saber que su amigo está en Chile- no parecía darse cuenta de la gravedad del asunto. -A lo mejor debimos pedirle su número de teléfono para dárselo a tu hermano- concluyó.
-No sé, mamá, si Xavier quiere verlo volverá a pedir su dirección o algo, aunque eso por ahora no me importa para nada, me gustaría irme a dormir ahora si no te molesta- declaró la chica bastante irritada.
-Nadie te retiene- fue la seca respuesta.
-----------------------------------º------------------------------------------
Las clases en la universidad se sentían monótonas al día siguiente. Emilia y sus compañeras estaban sentadas en una de las mesas del casino bebiendo un café de la máquina expendedora y comentando las tìpicas cosas de la vida universitaria, que si tareas aquí, que trabajo allá, que los niños, que los padres, que esto o que aquello. Nunca profundizaban nada, eran compañeras, no amigas.
Las únicas amigas del grupo eran Emilia y Lorena, la una baja y morena de pelo corto y desordenado, la otra alta y pálida, de cabellos rojos y ojos amarillos. Desentonaban, pero eso parecía unirlas más, polos opuestos totalmente atraidos.
Lorena odiaba el café, pero aún así le gustaba sentarse en el casino a perder el tiempo con el grupo, mientras veía a su amiga relajarse de las tensiones que le hacían perder el sentido de la realidad por momentos.
Emilia bebía café como si fuera agua, aún cuando le hiciera daño, nunca había podido tolerar el amargo brebaje hasta que conoció a Xavier, cosa que no le había contado a nadie.
Cuando la charla decayó, las muchachas comenzaron a retirarse de a una, de a dos, de a tres, hasta que quedaron solo ellas dos en un mar de vasos de papel con restos de café en ellos y demás envoltorios de galletas y pastelitos.
-Emi, has estado rara toda la mañana- soltó Lorena sin mirarla.
-Tengo un secreto- susurró la chica -mmmm, ¡ah, no sé!-
-Me gustaría decirte que puedes confiar en mi, pero ni yo misma lo hago, así que no te lo voy a decir- dijo entre dientes la pelirroja.
-No eres de gran ayuda,- rio Emilia -pero ya me lo esperaba. Ni tu ni yo esperamos nada de la otra-
Lorena se puso de pie y le dio la espalda a su amiga -tu no puedes darme lo que yo quiero, ni yo puedo darte confianza plena-
-Ya no esperaba nada de la gente...- Emilia se tomó unos segundos para darse valor -hasta que esta persona llegó de vuelta a mi vida-
-Voy a buscarte un poco más de café- Lorena volvió a mirarla -creo que te da valor.-
Emilia bajó la mirada complacida. Siempre era así con Lorena, la fricción de su amistad le daba la seguridad que sólo su hermano era capaz de darle.
Le contó todo lo del día anterior, más los detalles de su actuar 10 años atrás. No se saltó ningún detalle, ni siquiera los vergonzosos. Lorena la escuchó, pacientemente, sin perder detalle del movimiento de sus labios, que temblaban, y cuando por fin terminó, le tomó la mano para infundirle valor.
Sólo te puedo dar un pequeño consejo, Emi. El que no se arriesga, no cruza el rio.
Xavier, un nombre raro, un nombre extranjero... Un total desconocido.
Emilia se paseaba de arriba a abajo en su casa luego de que Xavier se fuera, su madre la observaba curiosa, casi como si no se animara a preguntar.
-Pocas veces te he visto tan perturbada, Emi- le dijo con su voz apagada.
-Perturbada no, mamá, impresionada es la palabra clave- contestó Emilia con un dejo de fastidio en su voz -impresionada de mis propios actos-
-Deberías llamar a Pedro, no debe saber que su amigo está en Chile- no parecía darse cuenta de la gravedad del asunto. -A lo mejor debimos pedirle su número de teléfono para dárselo a tu hermano- concluyó.
-No sé, mamá, si Xavier quiere verlo volverá a pedir su dirección o algo, aunque eso por ahora no me importa para nada, me gustaría irme a dormir ahora si no te molesta- declaró la chica bastante irritada.
-Nadie te retiene- fue la seca respuesta.
-----------------------------------º------------------------------------------
Las clases en la universidad se sentían monótonas al día siguiente. Emilia y sus compañeras estaban sentadas en una de las mesas del casino bebiendo un café de la máquina expendedora y comentando las tìpicas cosas de la vida universitaria, que si tareas aquí, que trabajo allá, que los niños, que los padres, que esto o que aquello. Nunca profundizaban nada, eran compañeras, no amigas.
Las únicas amigas del grupo eran Emilia y Lorena, la una baja y morena de pelo corto y desordenado, la otra alta y pálida, de cabellos rojos y ojos amarillos. Desentonaban, pero eso parecía unirlas más, polos opuestos totalmente atraidos.
Lorena odiaba el café, pero aún así le gustaba sentarse en el casino a perder el tiempo con el grupo, mientras veía a su amiga relajarse de las tensiones que le hacían perder el sentido de la realidad por momentos.
Emilia bebía café como si fuera agua, aún cuando le hiciera daño, nunca había podido tolerar el amargo brebaje hasta que conoció a Xavier, cosa que no le había contado a nadie.
Cuando la charla decayó, las muchachas comenzaron a retirarse de a una, de a dos, de a tres, hasta que quedaron solo ellas dos en un mar de vasos de papel con restos de café en ellos y demás envoltorios de galletas y pastelitos.
-Emi, has estado rara toda la mañana- soltó Lorena sin mirarla.
-Tengo un secreto- susurró la chica -mmmm, ¡ah, no sé!-
-Me gustaría decirte que puedes confiar en mi, pero ni yo misma lo hago, así que no te lo voy a decir- dijo entre dientes la pelirroja.
-No eres de gran ayuda,- rio Emilia -pero ya me lo esperaba. Ni tu ni yo esperamos nada de la otra-
Lorena se puso de pie y le dio la espalda a su amiga -tu no puedes darme lo que yo quiero, ni yo puedo darte confianza plena-
-Ya no esperaba nada de la gente...- Emilia se tomó unos segundos para darse valor -hasta que esta persona llegó de vuelta a mi vida-
-Voy a buscarte un poco más de café- Lorena volvió a mirarla -creo que te da valor.-
Emilia bajó la mirada complacida. Siempre era así con Lorena, la fricción de su amistad le daba la seguridad que sólo su hermano era capaz de darle.
Le contó todo lo del día anterior, más los detalles de su actuar 10 años atrás. No se saltó ningún detalle, ni siquiera los vergonzosos. Lorena la escuchó, pacientemente, sin perder detalle del movimiento de sus labios, que temblaban, y cuando por fin terminó, le tomó la mano para infundirle valor.
Sólo te puedo dar un pequeño consejo, Emi. El que no se arriesga, no cruza el rio.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Mis documentos
Así de simple, una tremenda pena, por apurona perdí lo que pudo haber sido una historia maravillosa, un best-seller quizás...
La carpeta "Mis documentos" fue la única victima fatal durante el último formateo de mi notebook, y pensar que me gasté buena parte de lo que gano como empaque en un disco duro externo para no tener que deshacerme de nada... Bueno, cosas de la vida.
Lo destacable de mi craso error es que la historia sigue clara, hasta en sus detalles en mi mente, pero no me animo a ponerme a tipear otra vez, no sea que ocurra una desgracia y se me desmadre la cosa.
Espero que pronto vuelvan los ánimos, la hstoria prometía, a mi parecer claro está. Me falta autocrítica...
La carpeta "Mis documentos" fue la única victima fatal durante el último formateo de mi notebook, y pensar que me gasté buena parte de lo que gano como empaque en un disco duro externo para no tener que deshacerme de nada... Bueno, cosas de la vida.
Lo destacable de mi craso error es que la historia sigue clara, hasta en sus detalles en mi mente, pero no me animo a ponerme a tipear otra vez, no sea que ocurra una desgracia y se me desmadre la cosa.
Espero que pronto vuelvan los ánimos, la hstoria prometía, a mi parecer claro está. Me falta autocrítica...
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